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por Raúl Gil
Divemaster
OCEANIA

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Aunque no lo pueda parecer,
los días en los que el mar no se encuentra en su mejor momento,
puede constituir una ocasión excepcional para poner en práctica
todos los conocimientos aprendidos durante el curso y sumergirse
con tu Divemaster de confianza que te asesorará en todo momento
sobre el mejor proceder en estas situaciones.
Estás inmersiones, si bien aportarán mucho menos desde el punto
de vista estético y paisajístico, se convertirán en un
entrenamiento ideal para reforzar tu seguridad bajo condiciones
adversas y anotarás en tu diario de buceo una de esas
inmersiones que nunca se te olvidarán. Habrás superado
condiciones que hasta entonces no te habías decidido a afrontar
y tu experiencia como buceador, así como tú autoestima, habrá
progresado notablemente.
Los hechos que a continuación se describen no son el fruto de de
la unión de una serie de circunstancias y hechos hipotéticos,
sino de las experiencias reales extraídas de las inmersiones de
un fin de semana donde Neptuno, rey del mar, debía estar un
tanto enfadado.
Allá por el mes de marzo, en nuestra querida costa murciana, y
con una temperatura del agua entorno a los 14º C, nos esperaban
las primeras inmersiones del año. Lamentablemente las
condiciones del mar no parecían que nos fuesen a acompañar. La
marejadilla con que se había levantado el día tendía a marejada,
acompañada además de un mar de fondo. Las caras de los buzos, la
mayoría iniciados con no muchas inmersiones, traslucían cuando
menos tristeza o decepción. Pero como muchas veces en la vida,
la relatividad de las cosas puede hacer ver la botella medio
llena ó medio vacía.
Ellos quizás no eran conscientes en ese momento de que tenían
ante si una oportunidad excepcional de plantearse las
inmersiones como un entrenamiento y poner en práctica lo que su
Instructor les había enseñado durante su curso de formación como
buceadores. Esa era la realidad más objetiva; la oportunidad de
sumergirse con ese fin acompañados por su Divemaster.
En estas condiciones las adversidades comienzan ya en el
traslado en barco al punto de inmersión. Si como en este caso,
la embarcación tiene poco calado y un diseño muy plano en su
obra viva, el “meneito” lo tenemos asegurado. En cuanto
abandonamos el refugio del embarcadero, comenzamos a apreciar el
estado de la mar, lo que nos da una idea de que cuando fondeemos
el movimiento se hará mucho más presente, y no tan noble como
cuando estamos navegando.
Es el momento de plantearse el ir equipándose tranquilamente
durante el trayecto para permanecer el menor tiempo posible
sobre la cubierta del barco cuando hayamos fondeado, ya que el
realizar esta operación en semejantes circunstancias acarrea un
elevado riesgo de marearse y posiblemente algo más. Lo ideal
sería llegar a falta de abrocharse el chaleco y calzarse las
aletas para zambullirse al agua lo antes posible.
Una vez ya en nuestro medio y con buena flotabilidad,
esperaremos tranquilamente a reunirnos con el resto de
compañeros.
La existencia de mar de fondo entre otras cosas, puede afectar
de manera notable a la visibilidad en función del sustrato sobre
el que nos encontremos. Si como en este caso el punto de fondeo
está situado sobre un fondo de mucha arena y algo de poseidonia,
será más que probable que las condiciones de visibilidad sean
muy escasas.
Esta situación nos lleva a realizar varias consideraciones.
La primera de ellas es que debemos tener cuidado cuando nos
situemos en el cabo de fondeo o del ancla bajo la proa de la
embarcación, ya que debido al oleaje, el movimiento del casco
pudiera llegar a alcanzarnos, golpeándonos en nuestra cabeza si
nos situamos muy próximos a este.
La segunda, es que el punto de reunión de los buzos bajo el agua
debe cuidarse de manera especial, ya que suele ser muy frecuente
que no haya una visibilidad superior al metro y se corre el
riesgo de desperdigarse fácilmente. Por ello, el descenso debe
realizarse lentamente por parejas y siempre cogidos al cabo de
fondeo. A medida que lleguemos al fondo permaneceremos entorno
al fondeo en espera de la llegada del resto de buceadores. Una
vez que el Divemaster confirme la presencia de todos y todo esté
OK, dará comienzo la “navegación”, para lo cual habrá que poner
especial atención en no perder de vista a nuestro compañero y al
que nos precede, hasta que las condiciones de visibilidad vayan
mejorando.
La tercera, es la orientación. En estas condiciones lo más
normal es que la perdamos fácilmente. Por este motivo,
constituye un buen momento para realizar una práctica de
orientación supervisada por tu Divemaster.
Para ello, será necesario disponer de una brújula. Es un
instrumento que podemos adquirir por un precio módico para ir
ampliado nuestra equipamiento y que nos servirá para irnos
familiarizando con su uso antes de realizar el curso de Advanced
Open Water. No obstante, el Divemaster utilizando la suya,
desarrollará la práctica y os mostrará la ruta a seguir. Para
poder llevar a cabo con éxito esta operación, se hace
imprescindible haber tomado las referencias geográficas
pertinentes con la brújula antes de iniciar el descenso.
Siguiendo todos estos procedimientos nos encontraremos bajo el
agua en la mejor disposición para afrontar la inmersión,
pudiendo disfrutar en ese momento lo que en principio pudiera
parecernos muy complicado a tenor de las circunstancias que nos
rodeaban.
Si la visibilidad no es la más óptima para disfrutar del
paisaje, deberíais aprovechar la inmersión para hacerla como si
no os guiara vuestro Divemaster, intentando fijar todos los
datos de profundidad, tiempo, puntos de referencia visuales
llamativos, que os ayuden a reconocer el camino de vuelta.
Seguramente descubriréis una nueva faceta que desconocíais de
vosotros como buceadores, ya que seréis capaces de reconocer y
orientaros por los lugares que transitáis de vuelta al cabo de
fondeo. Y es que ya se sabe: “no hay más ciego que el que no
quiere ver”, y eso suele suceder cuando os acostumbráis en
exceso a que os lleve vuestro guía.
Otras de las condiciones adversas con las que nos encontramos es
la baja temperatura del agua. En relación al equipamiento
necesario mi recomendación es no descuidar dos elementos que
pudieran considerarse en principio menos relevantes.
La capucha, para muchos entre los que yo me incluyo, nos puede
resultar algo incómoda, pero será un elemento agradable y
confortable en tales circunstancias. No hay que olvidar que el
cuerpo humano pierde la mayor cantidad de calor por la cabeza.
Por otro lado, los guantes. Si bien una primera inmersión
podrías soportarla con esa parte de tu cuerpo desnuda, una
segunda inmersión puede pasarte factura y convertirla en un
suplicio. Este complemento también resulta muy accesible
económicamente, se sumará al equipo que ya tienes y te
permitirá disfrutar aunque el agua esté fría.
Al finalizar la inmersión, ya en la parada de seguridad, el
oleaje se irá haciendo más patente a medida que nos acerquemos a
los -5 metros. Si el oleaje es considerable, permanecer agarrado
al cabo de fondeo pude suponer dos cosas.
En primer lugar, que las variaciones de cota pueden superar el
metro, lo que no es nada recomendable para hacer la parada de
seguridad ya que se sufre constantes cambios de presión.
Y en segundo lugar, existe un alto riesgo de sufrir el mismo
mareo que si estuviéramos a bordo de la embarcación.
Por todo ello, os recomiendo mantener como referencia el cabo
pero sin permanecer agarrado al mismo.
Por último, ya de regreso a la superficie, a la hora de subir a
la embarcación, y en el caso de tener escala para acceder a la
misma, deberemos tener en cuenta otras consideraciones.
Al igual que lo comentado anteriormente, el oleaje presente
puede hacer que el casco o en su caso la escala, nos pueda
alcanzar y golpear provocándonos algún daño. Por ello, deberemos
guardar la observancia necesaria para protegernos de este
imprevisto.
Especial hincapié en estas circunstancias, en respetar las
distancias a la hora de subir a la embarcación y nunca ponerse
debajo de la escala hasta que esta quede libre, ya que el
compañero que nos precede podría caernos encima debido al
intenso oleaje.
También otra precaución muy recomendable a tener en cuenta,
sería el quitarnos previamente las aletas y evitar subir con
ellas puestas, ya que lo más seguro es que acabáramos
tropezándonos y provocando una caída peligrosa no solo para
nosotros, sino también para los compañeros que nos circundan.
Una vez a bordo, seguro que experimentaréis una sensación de
orgullo y felicidad por haber sido capaces de disfrutar bajo el
agua cuando Neptuno nos lo pone algo más difícil.


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