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por
Soledad
Fernández
Rescuediver

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Tras dos intentos fallidos de
iniciar la temporada a lo grande, debidos a unos leves
inconvenientes físicos, comúnmente llamados mocos, este iba a
ser el fin de semana, si si si por fin iba a tener la
oportunidad de sumergirme de nuevo y experimentar una vez más
ese increíble mundo sensorial submarino.
Haciendo gala de un comportamiento
consecuente y de unas lecciones bien aprendidas, fui un par de
días antes a la piscina a ejercitar las técnicas básicas,
ejercicios que hace una con los ojos cerrados, mas por el cloro
que por la costumbre. No me preguntéis por qué, pero el hecho de
volver a respirar a través de un regulador despierta al
animalito acuático que llevo dentro (y no me refiero a los
restos del erizo que aun llevo incrustados en mi rodilla) y a
partir de ese momento estoy perdida, solo puedo pensar en
bucear, bucear, bucear. El sucedáneo piscinero resultó
interesante aunque insuficiente, que queréis que os diga por
mucha imaginación que le eche, las plantas de plástico que han
colocado en el fondo no suplen a las mareantes poseidoneas, la
escasa visibilidad no sustituye a una inmersión en aguas
turbias, ni el exceso de cloro es comparable al escozor de ojos
que producen las aguas del mismísimo mar muerto, aún así, a
pesar de ello y por todo ello, resulta una experiencia
imprescindible tras el largo descanso invernal. Tan placentera
me resultó la vivencia que decidí repetir al día siguiente, para
deleite de multitudes, ante las cámaras de Tele Madrid
(reportaje que espero no se haya perdido nadie).
Con todo este ir y venir a las
instalaciones oceánicas llega el jueves, preludio del inminente
y ansiado fin de semana y preludio así mismo de la tragedia.
Nada parecía presagiar el desastre aunque a mis espaldas se
estaba fraguando un temible e inesperado desenlace. Al caer la
noche, cuando los sucesos pérfidos acontecen, a traición y sin
previo aviso un cólico me atacó por la espalda, bueno, para ser
sinceros fue directo a mi estómago. Tras largas horas de intenso
dolor y deseando que alguien me extirpara el duodeno o cualquier
otra parte de mi dolorosa anatomía, tuve que afrontar la cruda
realidad, este fin de semana tampoco iba a ser mi debut en la
temporada 2006. Una vez realizadas las pertinentes
comunicaciones me dispuse a yacer en el lecho del dolor y
regodearme en mi propia miseria, cosa que por alguna
inexplicable y macabra razón es lo que se suele hacer en este
tipo de situaciones. El sábado amaneció con el malestar propio
de dormir 16 horas seguidas, malestar que desapareció después de
un par de cafés ( nunca hay que subestimar el poder curativo del
sueño!!!) A medio día mis problemillas físicos habían
desaparecido por completo y fueron sustituidos por el
desasosiego de no estar disfrutando de un fin de semana playero
con amigos (¿hay algo peor que eso?).
Todos los que tenéis amigos sabéis
que estos tienen esa facultad innata para detectar cuando una
está hundida en la miseria, y en ese preciso instante llaman
para darte ánimos y contarte que han tenido la mejor inmersión
de su vida!!! Que Cabo de Palos está espectacular! Que madre mía
lo que te has perdido!!! Malditos bastardos!!!!! Esto a mi no se
me hace, así que en menos de 1 hora tuve tiempo de recoger mis
trastos, recorrer medio Madrid, perder un tren y coger por los
pelos un autobús, tipo Madrid- La Manga pasando por Burgos,
Cádiz y todos los pueblos de alrededor y en un tiempo record de
7 horas y media presentarme en La Manga.Durante el largísimo
viaje, tuve tiempo de muchas cosas, entre ellas de darme cuenta
de lo increíblemente fácil que había resultado cerrar mi arcón
de buceo, pensamiento inmediatamente anterior al de “mierda me
he dejado el jacket en casa” lo que posteriormente me llevó al
de “Agggggg y mis acreditaciones de buceo y el seguro!!!”
Mierda, mierda, joder, ¿a que al final no buceo? Por suerte al
llegar descubrí con alivio que tan solo el jacket y mi cerebro
se habían quedado en Madrid, el resto, que no es mucho, venía
conmigo.
Dado que alcancé mi destino a las
00:30 decidí sabiamente no tentar a la suerte e irme a dormir,
para lo cual ayudó mucho que nadie hubiera decidido irse de
copas, ya sabéis que a este respecto soy débil de carácter.
Amanece sin contratiempos, que no
es poco, y tras el consabido desayuno frente al mar, que
constituye uno de los placeres de los fines de semana de buceo,
nos dirigimos con tiempo al centro, donde escucho una y otra vez
las maravillas avistadas el día anterior en la inmersión,
cientos de miles de alevines, millones de espetones, miles de
meros y un pez luna, creo que salvo el último espécimen el resto
fueron producto de una imaginación exacerbada o de una
exageración manifiesta, pero quien soy yo para decir nada, yo me
pertrecho con mi equipo y me voy a verlos, que digo yo, que no
se habrán mudado de mar, con lo bien que se está en el
mediterráneo.
Llegamos al punto de inmersión, no
me lo puedo creer, por fin voy a bucear!! Al agua buzos!! Y una
vez alcanzado el fondeo, no me lo puedo creer!!! Eso no era
corriente, eso era un atentado contra la integridad física de
mis gemelos. Tras denodados esfuerzos por alcanzar el resguardo
del bajo, he de reconocer, que algunos de los pececitos se
habían quedado allí para esperarme, pero de los cientos de miles
de millones de ayer solo permanecían unos pocos, no obstante
suficientes para mi disfrute visual. La corriente se empeñó en
ponernos las cosas complicadas y tras 30 agotadores minutos de
lucha alcanzamos de nuevo el cabo, que bien podía haber sido el
de nuestra zodiac o el de una anclada en las islas Cies, a saber
donde nos había llevado esa corriente.
Creo que como deferencia a mi, mis
compis contrataron un extra que incluía una vuelta en una
atracción de feria, los rápidos sobre olas gigantes de vuelta al
puerto. ¡¡¡Que divertido!!!
Y tras toda esta odisea, quizá haya
alguno de vosotros que se pregunte si mereció la pena... y puedo
contestaros sin el menor resquicio de dudas que claro que
mereció la pena, siempre merece la pena pasar un rato de ocio
con amigos y mucho más si se comparten burbujas.
Como conclusión y con vuestro
permiso voy a hacer un pequeño cambio en el sabio y popular
refranero español y afirmo sin dudar que ¡¡¡Tiran más dos
espetones que dos retortijones!!!
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