|
por
Soledad
Fernández
Rescuediver

|
|
Quizá alguno de vosotros me
recuerde de hace un par de meses, cuando tomé cierta
notoriedad a raíz del descarnando llamamiento para ser
rescatada, junto al resto de mis compañeras azules, de un
aislado y poco confortable islote del Pacífico. Si amigos, soy
yo, la tortuga azul, y esta vez me presento ante vosotros a
caparazón desnudo para haceros partícipes de mis desdichados
avatares y suplicaros humilde perdón por haber ensombrecido
vuestras conciencias con una carga que no os pertenece y por los
daños colaterales que algunos habéis sufrido a causa de mi
desafortunado error logístico.
Vayamos por partes, como dijo el “pez sierra”, tras largas e
interminables horas sentadas en la playa esperando ver aparecer
los vehículos anfibios de la ONU, enviados por vosotros para
rescatarnos, no tuve mas remedio que llegar a una tremenda y
dolorosa conclusión, o bien nadie había encontrado mi anterior
mensaje, o bien este no había calado muy hondo en vuestra
cultura humana, o lo que es mucho peor, desolador y cierto,
entre todos los que leyeron mi mensaje no fueron capaces de
juntar 3 neuronas para coordinar mi rescate y el de mis cientos,
que digo cientos, miles de desafortunadas compañeras de goma.
Incapaz de soportar nuestro incierto futuro en aquel islote,
tuve que tomar cartas en el asunto, formando coalición con un
par de tiburones martillo conseguí contactar con uno de los
patitos de goma amarillo que logro salvar su caucho del
naufragio y llegar a costas españolas. A cambio de ciertos
favores cuya naturaleza no revelaré entre vosotros por si hay
menores, el patito accedió a proporcionarme un mapa con el que
alcanzar las costas del mediterráneo en un tiempo record.
Empujada por la inconsciencia que evita que los valientes se
conviertan en realistas, comencé la travesía acompañada tan solo
por un par de congéneres (dos con cara de listas) para comprobar
la solvencia de la información facilitada por el plástico ánade
y sin querer aburriros con las aventuras del viaje, solo os diré
que lo conseguimos.
No podría transmitiros la enorme alegría que me embargaba al
haber resuelto al fin mi cautiverio y muy pronto el de mis
congéneres. Sin tiempo que perder envié a mis dos compañeras de
viaje de vuelta para traer al grueso de manada azul, mientras yo
me encargaba de la fiesta de bienvenida, que más que fiesta,
tenía que ser un fiestón y uno de los grandes. Me puse patas a
la obra con los preparativos, comprobé que la salinidad era la
adecuada por lo que teníamos el tema de la bebida resuelto, subí
el termostato de la temperatura el agua para no notar un grave
contraste con las costas hawaianas que nos habían acogido en los
últimos meses y finalmente encargué la comida.
- ¿Tele medusa dígame?
- Hola buenas, quisiera encargar
unos cientos de miles de medusas para una macrofiesta.
- Ummm Bueno, dígame exactamente
que especies quiere, tenemos familiar, mediana, pequeña….
- Pues mire me va a poner un poco
de todo, algo así como un revuelto de especies y tamaños.
- OK ¿cuantas le ponemos y donde
las quiere?
- Déjame pensar es un viaje largo
vendrán con hambre y si sobra no se estropea… me vas a poner 3 o
4 toneladas y me las repartes por el mediterráneo occidental a
la altura de las costas españolas, sobre todo por valencia,
Murcia, Alicante, vamos como tu lo veas.
- Marchando unas cuantas
toneladas de medusas para el Mediterráneo, ¿Cuándo se las
mandamos?
- Tráemelas ya, que como he
elevado la temperatura del agua, se me van a conservar
estupendamente y quiero tenerlo todo preparado para la gran
llegada.
Y mas o menos esto es lo que
sucedió, claro está, que esto no hubiera tenido más
implicaciones de no ser porque mis compañeras, que debían haber
llegado hace unas semanas, parecen haberse perdido (ya decía yo,
que los GPS no son de fiar) y por mucho que yo me he esmerado en
comer y comer no he sido capaz de hacer disminuir la población
de medusas, que en vista de que no se las comía nadie, pues se
han aburrido y se han dedicado a procrearse y a torturar a los
incautos bañistas con sus urticantes tentáculos.
Lamento de veras que hayáis sido acusados injustamente del
recalentamiento del agua marina provocado por el cambio
climático y por vertidos excesivos de fosfatos y también lamento
que alguno de vosotros hayáis sido victimas de los picotazos de
mi plato principal, aunque bien pensado lo tenéis merecido, si
en vez de mandar a los cascos azules a Afganistán y otros
lugares inhóspitos los hubierais mandado en mi busca, otro gallo
os hubiera cantado.
En fin, como muestra de buena voluntad, he hecho un llamamiento
a todas las tortugas bobas (y que nadie haga una gracia) y a los
peces luna que habitan nuestras costas para que me ayuden a
limpiar las aguas de estos animalitos que tanto os molestan,
pero solo han acudido unos pocos ejemplares de cada especie
¿porqué será?

PD Si entre vosotros se encuentra algún consumidor de medusas
que se considere invitado a la fiesta. Y si alguien quiere
ayudarme a saldar mi deuda con el puñetero pato, que también se
considere invitada a la fiesta.

 |