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por José Peñalver
Sociedad de Historia
Natural del Mar

 

 

 

 

 

© http://www.ucl.ac.uk/taxome/
jim/Mim/Wallace.html

 

 

 

Los olvidados de la Historia Natural

 

Cuando oímos hablar de evolución, quizá el nombre que primero se nos venga a la cabeza sea el de Charles Darwin. Bien, no es incorrecto. Pero sí lo es el pensar que Darwin fue el primer –o el único– evolucionista. Algunos naturalistas de la época creían en la evolución de las especies incluso desde bastante antes de que lo hiciera él, como su propio abuelo, Erasmus Darwin. Lo que hizo Darwin fue elaborar una teoría que explicase el mecanismo por el cual las especies sufren dicho proceso evolutivo: la Selección Natural.

Ahora, por fin, tenemos una teoría y un solo nombre estrechamente ligados. Pues no; volvemos a estar en un error. En el mismo momento en el que Charles Darwin se devanaba los sesos dando vueltas a su teoría tras su viaje a bordo del Beagle alrededor del mundo, otro naturalista, Alfred Russel Wallace, descubrió de manera independiente el principio de la Selección Natural. Es decir, descubrió el mismo mecanismo y llegó a las mismas conclusiones. Por increíble que parezca, el azar tiene estas cosas.

Esto no desmerece en absoluto el increíble legado que Darwin dejó a la humanidad. Es, sólo, que Wallace también existe. Por eso quiero romper una lanza en su favor. Y quizá porque hoy me he levantado con unas ganas irrefrenables de recordar a los olvidados, me veo en la necesidad de escribir sobre los otros “wallaces” del mundo marino, los sirenios.

Siempre oímos hablar de que los cetáceos (las ballenas, los delfines y las marsopas) son los mamíferos mejor adaptados al agua y los únicos que desarrollan todo su ciclo vital en su seno. Pues tampoco; nuevo error. Los sirenios, orden que comprende a los manatíes y al dugongo, son mamíferos acuáticos, tanto de agua dulce como salada, que no necesitan en absoluto estar ligados a tierra. Durante su curso evolutivo, han sufrido casi las mismas adaptaciones y los mismos cambios drásticos en su anatomía y su fisiología que los cetáceos. No son tan hidrodinámicos ni tan veloces, eso sí, pero ¿qué prisa hay cuando lo que comes es hierba y ésta no va a salir corriendo cuando te ve llegar?

El cuerpo de los sirenios, como el de los cetáceos, tiene forma de huso, las extremidades superiores se han transformado en aletas y las inferiores prácticamente han desaparecido. Se impulsan gracias a una aleta caudal que, en el caso de los manatíes tiene forma de pala, y en el del dugongo, de media luna. Son los únicos mamíferos herbívoros estrictamente acuáticos (los hipopótamos, por ejemplo, son herbívoros, pero salen a tierra, y los cetáceos pasan toda su vida en el agua, pero son carnívoros). Aunque no rumian el alimento, su dieta a base de algas y plantas acuáticas, y su cuerpo más bien rechoncho y con una buena capa de grasa les ha valido el nombre de “vacas marinas”.

Los sirenios actuales tiene una longitud total entorno a los tres metros, pero la extinguida vaca marina de Steller (Hydrodamalis gigas) tenía un cuerpo de 8 m de longitud y 8 t de peso.

Esto no desmerece en absoluto el increíble mundo de los cetáceos, por supuesto. Es, sólo, que los sirenios también existen.

 

 

 

© http://www.saudeanimal.com.br/peixe_boi.htm

 

 

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