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por Raúl Gil
Instructor OCEANIA

 

Raul Gil - Divemaster

 

 

 

 

Así como Humphrey Bogart le dice a Ingrid Bergman en la película Casablanca como epitafio de un amor imposible; “siempre nos quedará París”, los buceadores siempre tendremos un rincón donde descubrir una y otra vez nuestra fascinación y amor por los fondos de los arrecifes de coral.

El Mar Rojo en su Ruta Norte es un destino ideal para aquellos buceadores que desean realizar su primer viaje internacional y su primer crucero de vida a bordo. Cuando yo fui por primera vez tenía alrededor de 40 inmersiones. Ahora, después de un centenar de veces habiéndome sumergido en esas aguas, aún sigo añorando con regresar.

Cuando algún buceador de OCEANIA muestra interés por conocer todo lo que oye a cerca del Mar Rojo, intento transmitirle la dimensión de la experiencia, pero siempre me ocurre lo mismo, no encuentro las palabras que reflejen lo que se siente la primera vez que te sumerges y la huella que te deja ese primer viaje.

Al final siempre recurro a la misma historia, la mía personal, y recuerdo como me sentí cuando me subí a un avión rumbo a Egipto con el fin de embarcarme durante una semana para disfrutar de esos fondos. Era un reciente AOWD con una mezcla de ilusión y nerviosismo que había oído como la gente repetía el mismo viaje una y otra vez, cosa que no lograba entender muy bien esa reiteración, hasta que me zambullí.

Desde entonces lo he repetido en ocho ocasiones y anhelo que llegue la novena.

Es un destino que reúne muchos factores positivos. La proximidad, el precio, las aguas cristalinas, su visibilidad y luz, el colorido del coral y su fauna, la temperatura del agua, sus pecios, la sencilla logística entre inmersiones y la placentera vida a bordo. Un conjunto de elementos que hacen el cóctel perfecto para disfrutar de unas excelentes vacaciones de buceo.

Además como buceador, tanto si te estás iniciando, como si todavía no has hecho un crucero de este tipo, habrá un antes y un después, en tu formación y en experiencia personal.

La jornada a bordo se inicia temprano, ya que en la mar lo normal es regirse por el horario solar, por lo que es habitual que a las seis de la mañana estemos escuchando el briefing de buceo de la primera inmersión mientras nos tomamos un café antes de zambullirnos al agua. Nos quedan por delante cuatro estupendas inmersiones, una de ellas nocturna y así, cinco días seguidos.

¿Agotador?

Antes de que yo fuera la primera vez pensé que debía ser una actividad para superhombres, y sin embargo resulta que no lo es, más bien todo lo contrario, excitante, placentero, tranquilo, relajado,…, y cuando llega el último día antes del regreso te apetecería seguir otra semana más.

¿Sabes por qué?

Pues eso te lo dejo a ti para que lo descubras...
 

 

 

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