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por Carlos Uslé

 

 

 

 

 

 

La Base

 

La Expedición

 

Currando

 

Montastraea faveolata
de varios metros

 

Corales variados

 

Pólipos de Colpophyllia natans

 

Pólipos de Dichocoenia stikesi

 

Blanqueo del Coral

 

La base tras el huracán Dean

 

 

 

Los corales siempre me han parecido un tanto extra-terrestres. Desde que vi la película de Tim Burton Mars Attacks, los corales me recuerdan a las cabezas de esos marcianos. Cierto es que son criaturas bastante raras. ¿Qué son exactamente? ¿Plantas? ¿Minerales? ¿Animales?

 

Mi conocimiento sobre ellos empezó a evolucionar durante un voluntariado que realicé el pasado verano en una Estación de Observación Marina en Mahahual, Méjico, en la península del Yucatán. Mi labor como buceador consistía en identificar todas las especies de coral y demás criaturas submarinas que encontrara cada 25cm a lo largo de 40 metros, en un punto cuyas coordinadas por GPS se me habían dado previamente. Esto dos veces al día durante cinco semanas. Y por supuesto invertido boca abajo durante toda la inmersión, con una mano sujetando el cuadro de registro y con la otra escribiendo, lo que solía producir cierto dolor de cabeza al final de cada inmersión. Detrás de mí solía tener a un compañero midiendo el tamaño de los corales e identificando posibles enfermedades.

 

La base de la expedición estaba perdida cerca de la frontera con Belice y aunque las condiciones de vida eran básicas, el sitio era paradisíaco: manglares y caimanes a mi espalda, y el caribe con sus ricos arrecifes de coral en frente. El equipo lo formaban biólogos y un promotor inmobiliario con inquietudes ecológicas, que era yo. Lo que implicaba que me tuve que pasar los dos meses anteriores empollándome unas ochenta especies de corales caribeños con nombres en latín tan poco intuitivos como Stephanocoenia Intercepta o Montastraea Annularis.

 

Volviendo a la pregunta del principio, los corales son animales marinos. No son plantas, a pesar de que estén adheridos al fondo marino. Aunque los corales aparentan ser un único organismo, suelen estar formados por colonias de organismos independientes llamados pólipos de apenas un centímetro de diámetro, que se adhieren al sustrato. Cada pólipo tiene su propia boca, un estómago que hace a la vez de ano, y unos tentáculos que sirven para atrapar plancton y alimentarse. Muchos corales generan calcio por lo que forman esqueletos rígidos. Esta capacidad junto al hecho de que los esqueletos rígidos perduran en el tiempo, hace que los corales sean los responsables de formar a lo largo de los años las grandes estructuras calcáreas conocidas como arrecifes de coral, con ejemplos tan fascinantes como los de Australia, Belice o el Mar Rojo.

 

Los corales pertenecen al mismo filo que las anémonas de mar e incluso que las medusas. La diferencia entre los corales y las anémonas es que estas últimas suelen estar aisladas por lo que no forman colonias, son más grandes que los pólipos individuales, y son blandas. Las esponjas, sin embargo, pertenecen a otro filo, ya que son uno de los animales más primitivos y simples: no tienen órganos internos ni esqueleto, y viven a base de filtrar el agua. Las esponjas suelen tener forma de tubo o saco con pequeñas aperturas para que entre y salga el agua.

 

La variedad de tipos de corales es inmensa. Los hay duros – los que generan calcio – y blandos – las gorgonias. Los hay amarillos, verdes, rojos, marrones, azules, blancos y negros. Los hay con forma de cerebro, con forma de montaña, con forma de árbol, de abanico, de flor, de lechuga, de cuernos de alce. Los hay redondos y los hay planos. Los hay de unos pocos centímetros de tamaño y los hay que alcanzan los cinco metros de altura. Eso si, a excepción de los llamados corales de fuego que irritan la piel, la mayoría de los corales no producen daño alguno al contacto.

 

La importancia de los corales radica no solo en el hecho de que forman un mundo submarino de inestimable belleza, sino en que son un pilar del ecosistema marino ya que los arrecifes de coral forman el hogar de miles de especies de peces y otros organismos como esponjas, crustáceos, moluscos y tortugas, esta última en vías de extinción. De hecho, a pesar de que los arrecifes de coral representan menos del uno por ciento de la superficies oceánica, aproximadamente la mitad de todas las especies de peces se encuentran concentrados en estas aguas tropicales poco profundas. El motivo es que en los arrecifes de coral encuentran alimento y protección contra los depredadores.

 

El problema de los corales es que son altamente sensibles. Para que los corales se desarrollen, se deben cumplir unas condiciones de temperatura, movimiento, claridad, salinidad y acidez del agua muy concretas. Cualquier alteración de uno de estos factores puede provocar que estos mueran. De hecho, los científicos han predecido que más de la mitad de los arrecifes de corales se pueden haber destruido para el año 2030.

 

La principal amenaza para los corales es, como no, la actividad humana: la contaminación y el incremento de la temperatura del agua, el desarrollo urbanístico, la sobre-pesca y la pesca con dinamita y el incremento del tráfico marítimo, por no hablar de las pruebas nucleares en los océanos. Los corales son una de las especies mas directamente afectadas por el cambio climático. Primero, el incremento de la temperatura del agua está provocando la pérdida de color y posterior muerte de los corales mediante el fenómeno conocido por blanqueo del coral. Segundo, dicho calentamiento del agua incrementa el número e intensidad de los huracanes, los cuales arrasan con los corales convirtiéndolos en escombro. Tercero, el incremento de dióxido de carbono en el aire y en el agua provoca la acidificación de los océanos, causando la degradación de los corales. Como consecuencia, la población de corales y peces y demás organismos que dependen de los arrecifes de coral se ha ido reduciendo en las últimas décadas.

 

¿Y que podemos hacer? Pues de entrada, no tocar los corales al verlos, no acercarse a ellos si no se maneja bien la flotabilidad debido a que los podemos golpear involuntariamente con las aletas. Antes de depositar un ancla, mirar el fondo con una máscara para asegurarse que no haya corales debajo. No comprarlos como elementos decorativos o souvenirs ya que su extracción está prohibida. Exigir a los políticos la protección de determinadas zonas de la costa, y denunciar los abusos urbanísticos. Colaborar en los muchos proyectos de observación o conservación de corales. Sensibilizar a la gente. Y tomarse el cambio climático en serio.

 

Yo, por desgracia, pude comprobar las amenazas de los corales, ya que a los pocos días de finalizar mi voluntariado en el caribe mejicano y debido a las altas temperaturas del agua, el huracán Dean se llevó por delante la base de la expedición y arrasó completamente la costa del sur de Yucatán, convirtiendo numerosos corales en escombro. Lamentablemente, numerosas especies de coral están en vías de extinción. Ayudemos a salvarlos antes de que sea demasiado tarde.

 

 

 

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