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por
Soledad
Fernández
Rescuediver

 

 

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Hola, soy una de las ignoradas tortugas azules que tuvieron el infortunio de naufragar junto a miles de puñeteros patitos de goma amarillos en las aguas del Pacifico en 1992. Ante la reciente notoriedad que han tomado los patitos yo quiero reivindicar nuestro protagonismo en esta historia y de paso si es posible que alguien venga a rescatarme, que me estoy muriendo de asco en un islote del Pacífico. Pero bueno dejarme que os cuente la historia desde el principio.

Corría el año 1991 cuando fui dada a luz en una cadena de producción en una ciudad china, que carece de relevancia, fue una producción múltiple y vi la luz junto a miles de congéneres, todas azules. Teníamos por delante un futuro prometedor, ya que íbamos a ser trasladadas a occidente para hacer las delicias de los que no gustan de bañarse solos. Con la promesa de ser inseparables compañeros de la higiene infantil nos embarcaron junto con ranas verdes, patitos amarillos y castores rojos en un enorme contenedor que partiría de Hong kong a bordo de un buque rumbo a Seattle, desde donde seríamos redistribuidas por el mundo entero.

Empezamos nuestra travesía en enero de 1992, supuestamente íbamos a viajar en primera, pero la realidad es que nos apiñaron en contenedores de clase turista. Quisimos protestar, pero parece ser que la opinión de los animales de goma no es tenida en consideración. A pesar de este pequeño contratiempo decidimos continuar en aras de la felicidad infantil. El viaje transcurría sin contratiempos salvo alguna que otra incomodidad por la escasez de espacio, lo que provocaba que en ocasiones tuvieras un anca metida en la boca o que permanecieras aplastada contra uno de los laterales del habitáculo.

Nos encontrábamos en medio del Océano Pacífico cuando, sin previo aviso, este dejo de ser pacífico, dicen que una tormenta comenzó a sacudir nuestro buque, aunque aquí, entre nosotros, os diré que lo que en realidad aconteció es, que tras una enorme borrachera el capitán se apostó con la tripulación que el era capaz de hacer trompos con el buque, y la tripulación que no se lo creía y que el capitán que si, que él ya lo había hecho antes y no pasaba nada, y la tripulación que coreaba cobarde gallina capitán de las sardinas, y el capitán que se había bebido un par de botellas de saque y tres o cuatro infusiones de amapolas se puso a darle vueltas al timón. Como resultado de tan arriesgadas maniobras nuestro contenedor cayó al mar. Conscientes de la situación nos vimos obligados a forzar las cerraduras y tratar de salvar nuestras vidas nadando, en ese momento di gracias por no ser un caballito de madera. Confusos por el incidente pedimos a gritos que nos rescataran, pero la tripulación que se había bebido hasta el agua de fregar, nos miraba con cara estupefacta y nos ignoró por completo. A partir de este momento fuimos meros juguetes de las corrientes y los animales marinos.

Usando la inteligencia innata de los bichos de goma, acordamos en consenso, bueno casi en consenso, ya que de todos es sabido que las ranas son seres escurridizos y se dispersaron tan pronto tocaron agua, que nos separaríamos en varios grupos para tener más posibilidades de sobrevivir. Los primeros en tocar tierra organizarían el rescate del resto.

Los patos tomaron rumbo norte , las tortugas tomamos rumbo sur y los castores se quedaron allí haciendo planes para construir un dique, aunque no sabemos con que propósito.

Tras una larga travesía las tortugas conseguimos llegar a Hawai, la felicidad se apoderó de nuestros corazones tan pronto avistamos tierra, lamentablemente nadie contó con la diferencia idiomática, nada más llegar allí nos coloraron collares de flores y faldas de hula-hula, creo que nos consideran un regalo divino o algo así. A pesar de mis muchos esfuerzos no he conseguido hacerme entender y explicares que tengo que llegar a Seattle y organizar el rescate de las demás especies. He sabido que los patos han tenido mejor suerte en su ruta norte, lograron atravesar el estrecho de Bering y aunque permanecieron largos años estancados en el hielo del ártico, finalmente alcanzaron el atlántico norte, llegando a las costas de Gran Bretaña. Y los muy puñeteros en vez de organizar el pactado rescate, están aprovechando el tirón publicitario para hacerse famosos en la tele.

Para finalizar quisiera hacer un llamamiento para que quien lea este mensaje venga a buscarnos a mí y a mis compañeras a las costas de Hawai.

PD: Se ofrece recompensa por ahogar a los traidores patos amarillos!

 

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